
La educación en México enfrenta retos que requieren una revisión profunda y transformadora, particularmente en el nivel medio superior (EMS), considerado el eslabón más vulnerable dentro del sistema educativo. A pesar de la mejora en ciertos indicadores económicos y sociales, persisten brechas significativas en el acceso y la calidad educativa que afectan especialmente a jóvenes de hogares con menores ingresos.
El abandono escolar en el EMS se ha incrementado notablemente en los últimos años. Según datos, el porcentaje de jóvenes entre 16 y 21 años que dejaron la escuela subió de 36 % a 49 % entre 2016 y 2024, reflejando un incremento preocupante en esta etapa crítica. La disparidad socioeconómica es evidente: mientras el 95 % de los jóvenes de hogares con mayores ingresos permanecen estudiando, sólo el 59 % de aquellos provenientes de familias con mayores carencias sociales continúa en la escuela.
Más allá de la permanencia, los aprendizajes también muestran desigualdades alarmantes. Pruebas estandarizadas indican que estudiantes de estratos socioeconómicos bajos obtienen peores resultados que sus pares más favorecidos, perpetuando las desigualdades sociales y limitando la movilidad social. El sistema educativo, en este sentido, se ha convertido en un reflejo de la condición de origen más que en un motor de superación.
Una propuesta destacada para enfrentar este reto es fortalecer la vinculación de los bachilleratos técnicos con el sector productivo regional, promoviendo la oferta de carreras técnicas “cortas” que faciliten la inserción laboral digna y la movilidad social de jóvenes en zonas marginadas. Esta estrategia no exige grandes inversiones pero puede impactar positivamente en la reducción del abandono escolar y mejorar la pertinencia educativa. En suma, es indispensable colocar la equidad y la educación media superior en el centro del debate y las políticas públicas nacionales.


































































































