
En un contexto de precios internacionales elevados y topes oficiales a los precios de los combustibles, pequeños gasolineros señalan que la sobrerregulación y la imposición de precios máximos están generando problemas serios en sus negocios. Empresarios del sector han denunciado que además de estas limitantes, enfrentan extorsiones por parte de autoridades que dificultan la operación normal de sus estaciones.
Uno de los gasolineros entrevistados, que opera estaciones en Jalisco, indicó que las exigencias de pagos irregulares para evitar clausuras se han vuelto recurrentes. Relató que en un caso específico le solicitaron 600,000 pesos para reabrir una estación clausurada, suma que no está dispuesto a pagar ante la reducción en sus márgenes de ganancia. Las extorsiones varían desde multas por detalles mínimos hasta presiones directas para mantener abiertas las estaciones.
Esta situación combinada con la política de precios máximos al diésel, fijado en 27 pesos, ha llevado a varios gasolineros a dejar de vender este combustible, pues el negocio resulta poco rentable y se corre el riesgo de sanciones por incumplimiento. Algunos empresarios incluso contemplan cerrar sus negocios ante la creciente presión y pérdidas acumuladas.
Aunque no se reportan casos directos, se advierte que la presión sobre precios y la falta de apoyo podrían incentivar la aparición de mercado negro de combustibles, lo que pone en riesgo la calidad del producto y la seguridad de los clientes. En este contexto, los gasolineros llaman la atención sobre la necesidad de modificar esta sobrerregulación para evitar cierres que podrían derivar en desabasto en varias regiones del país.


































































































