
El Banco de México (Banxico) enfrenta presiones para considerar un nuevo recorte en su tasa de interés, pese a que recientemente anunció el cierre de un ciclo de relajamiento monetario. La economía nacional mostró una contracción menor a lo esperado en el primer trimestre de 2026, y la inflación ha presentado signos de desaceleración durante mayo, factores que podrían abrir la puerta para ajustes adicionales.
El Producto Interno Bruto (PIB) del país registró una caída de 0.6% entre enero y marzo respecto al trimestre anterior, la más pronunciada desde finales de 2024, aunque mejor de lo anticipado inicialmente. En comparación anual, el PIB creció 0.2%. Esta desaceleración económica ha reavivado los temores sobre una posible recesión técnica, definida como dos trimestres consecutivos de decrecimiento.
Analistas destacan que Banxico pondera más el debilitamiento en el crecimiento económico que los riesgos elevados de inflación subyacente. Alberto Ramos, economista en jefe para América Latina en Goldman Sachs, señaló que “el umbral para recortes adicionales no es alto” y que el banco central podría considerar bajar las tasas nuevamente después del verano si la actividad económica continúa débil y la moneda nacional se mantiene estable.
A principios de mayo, Banxico redujo su tasa de interés en 25 puntos base, hasta 6.50%, decisión respaldada por tres de cinco miembros de la junta. Sin embargo, las minutas de dicha reunión reconocen que la contracción económica fue mayor de lo anticipado y que la recuperación puede ser lenta. La inflación anual se desaceleró a 4.11% a principios de mayo, apoyada por una leve baja en la inflación subyacente, aunque los precios agrícolas impulsaron presiones en la inflación no subyacente. El banco proyecta que la inflación converja al objetivo de 3% para el segundo trimestre de 2027, aunque algunos subgobernadores señalan dificultades para lograrlo con la actual política monetaria.
Expertos estiman que la combinación de un crecimiento frágil y una inflación temporariamente moderada podría motivar nuevas reducciones en las tasas de Banxico en el mediano plazo, manteniendo un enfoque flexible frente a las señales económicas.



































































































