
El ajolote mexicano, anfibio endémico de Xochimilco, ha trascendido su antigua imagen en el billete de 50 pesos para convertirse en un elemento central de la campaña visual del Mundial de Fútbol 2026 en la Ciudad de México. La figura del ajolote aparece en murales, estaciones de transporte y espacios públicos, en una estrategia promovida por la administración de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, quien denomina este proceso como “ajolotización”.
Brugada destaca que el ajolote es un símbolo de identidad local y de transformación urbana, además de ser objeto de investigaciones científicas a nivel global. En mayo anunció también la creación de un Santuario de Ajolotes en el Parque Ecológico de Xochimilco, buscando impulsar la recuperación de esta especie. Sin embargo, a pesar de la popularidad y la visibilidad, el ajolote continúa catalogado en estado crítico de extinción en su hábitat natural.
Investigadores y expertos en conservación han expresado preocupación ante el contraste entre el uso del ajolote como símbolo urbano y las persistentes amenazas ambientales que enfrenta en Xochimilco. La contaminación por descargas de aguas residuales, la reducción de la calidad y cantidad de agua, la urbanización inadecuada y el turismo masivo impactan negativamente el ecosistema crucial para la supervivencia del anfibio. En respuesta a estas preocupaciones, autoridades realizaron operativos conjuntos inspeccionando descargas ilegales, clausurando vertimientos y suspendiendo servicios sanitarios no autorizados en la zona.
Además, se ha señalado que la imagen difundida del ajolote a menudo corresponde a ejemplares albinos de laboratorio, distintos del ajolote silvestre, y que la verdadera conservación requiere restaurar los humedales y condiciones naturales. Proyectos como Chinampa-Refugio de la UNAM buscan precisamente rehabilitar el ecosistema chinampero para favorecer el regreso del ajolote a su ambiente originario. Los expertos coinciden en que la preservación efectiva de esta especie emblemática de México dependerá de la capacidad para recuperar las condiciones ecológicas de Xochimilco y no solo de iniciativas publicitarias o cautiverio.



































































































