
El Watch Competence Center de Victorinox, ubicado en Delémont, corazón del cantón del Jura en Suiza, es más que una fábrica; es un espacio donde tecnología y artesanía convergen para garantizar la máxima durabilidad de sus relojes. Esta empresa familiar, con cerca de 140 años de historia y reconocida globalmente por sus navajas multiusos, ha consolidado la relojería como un eje estratégico que refleja su filosofía de resistencia y funcionalidad inherente al trabajo con acero.
En sus talleres, equipados con maquinaria avanzada, el acero inoxidable AISI 316L es moldeado, pulido y ensamblado con precisión para formar desde las cajas hasta componentes como biseles de titanio y fondos de caja. Una verticalización que inició en 2014 con la producción interna del modelo I.N.O.X. y se fortaleció con una inversión significativa en 2016 para ampliar operaciones.
La manufactura integra procesos manuales de acabado que permiten alcanzar detalles imposibles de replicar con máquinas. Cada reloj atraviesa rigurosas pruebas que superan los estándares de la industria, incluyendo pruebas de resistencia al agua hasta 200 metros, impactos con péndulos balísticos y exposiciones prolongadas a condiciones extremas de humedad y temperatura. Estos controles aseguran la calidad y resistencia necesarias para la vida cotidiana.
Más allá de cumplir con las exigencias suizas que aseguran que al menos el 60% del costo de fabricación se realice en Suiza, Victorinox supera esta cifra llegando a más del 90% de componentes manufacturados en el país. Así, el sello “Swiss Made” representa para ellos un compromiso de calidad y exigencia constante, respaldado por una garantía de cinco años que pocas marcas pueden ofrecer.



































































































