
Las acciones de Nike han caído a niveles no vistos desde 2014, lo que ha generado incertidumbre en Wall Street respecto a la capacidad de la empresa para revertir su declive reciente. Analistas de bancos como HSBC y UBS han rebajado sus recomendaciones sobre la fabricante de ropa deportiva, señalando que la expectativa de un cambio positivo en su desempeño está tomando más tiempo del previsto y que actualmente hay pocos motivos para apostar por un repunte en su precio.
Entre las preocupaciones principales figuran el desgaste de la imagen de marca de Nike como producto premium, así como la desconexión con los consumidores de mayor poder adquisitivo. Además, la marca Converse enfrenta dificultades, el mercado chino sigue presentando retos y competidores emergentes como On Holding AG y Hoka (de Deckers Outdoor Corp.) han ganado terreno frente a Nike.
Esta situación ha llevado a que varias firmas corredoras, entre ellas JPMorgan, Goldman Sachs y Piper Sandler, retiren sus recomendaciones previas de compra de la empresa. Mientras tanto, acciones han generado interés por compras puntuales, como la realizada por el CEO de Apple, Tim Cook, quien adquirió recientemente 25,000 acciones en medio de la caída. Pese a este impulso, el valor bursátil de Nike ha experimentado una disminución de más del 74% respecto a su máximo de 2021, situándose hoy en aproximadamente US$70,000 millones.
El panorama invita a evaluar la posibilidad de que la recuperación de Nike tome aún más tiempo o que incluso el cambio de tendencia sea más difícil de lo anticipado. Como mencionó el analista de BNP Paribas, Laurent Vasilescu, “deberíamos empezar a contemplar si hay siquiera un cambio de tendencia” en la empresa.



































































































