
El precio de la tortilla está en el centro de una disputa entre productores y autoridades, debido a un posible aumento que podría situarse alrededor de los 30 pesos por kilo en ciertas regiones. Aunque el costo del principal insumo, la harina de maíz, ha disminuido ligeramente en el último año, otros factores como la logística, la energía y la seguridad presionan la cadena productiva hacia alzas inminentes.
El kilo de tortilla ha incrementado de manera constante en los últimos años, pero mientras algunos productores anticipan un alza de 1 a 4 pesos, otros especialistas sostienen que no hay fundamentos técnicos para un incremento tan abrupto. La tortilla representa un componente importante en la canasta alimentaria, especialmente en zonas rurales, donde su precio afecta de manera considerable los ingresos de los hogares de menores recursos.
El aumento de costos no se atribuye únicamente al maíz, que representa entre el 33% y 35% del total, sino a una combinación de factores que incluyen el incremento en salarios, costos energéticos y gastos logísticos. Además, la red de distribución de masa está conformada por un número limitado de molinos que abastecen a más de 110,000 tortillerías, lo que encarece el transporte diario y la operatividad del sector.
Desde la Red de Maíz, agrupación dedicada a la cadena productiva, se rechaza un ajuste abrupto en los precios, señalando que no existen condiciones económicas ni de mercado que lo justifiquen. Se advierte además la necesidad de vigilar posibles prácticas colusorias, ya que el mercado está liberalizado y los empresarios tienen libertad para fijar sus precios, aunque cualquier acuerdo coordinado para subirlos debería ser investigado. Por último, pequeños comerciantes subrayan que limitar canales de distribución podría agravar aún más el problema de costos y disponibilidad.



































































































