
En marzo de 2026, el mercado laboral mexicano registró un escenario paradójico: mientras la tasa de desempleo se mantuvo baja en 2.4%, la calidad del empleo mostró signos evidentes de deterioro. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), la población ocupada creció ligeramente hasta 60.2 millones, pero un alto porcentaje de los trabajadores enfrenta condiciones precarias.
La informalidad laboral aumentó al 54.8%, lo que equivale a cerca de 33 millones de personas trabajando sin acceso pleno a prestaciones sociales o bajo esquemas vulnerables. Además, casi cuatro de cada diez empleados se encuentran en situaciones laborales críticas, que incluyen el subempleo por jornadas reducidas o ingresos insuficientes. Este indicador alcanzó el 39.6% de la población ocupada, superando el 38.4% registrado el mismo mes del año anterior.
La subocupación también escaló hasta 6.7%, reflejando la necesidad de más horas de trabajo para alcanzar un ingreso adecuado. Asimismo, el empleo en micronegocios informales creció levemente, representando 29.4% del total, lo que señala una concentración significativa en actividades de baja productividad. Este fenómeno contribuye a explicar el bajo crecimiento económico general del país.
En conjunto, estos datos muestran que a pesar de que el desempleo está contenido en niveles reducidos, el mercado laboral mexicano enfrenta una debilidad estructural importante, con un aumento de empleos precarios y una mayor informalidad, afectando a un segmento creciente de la población trabajadora.


































































































