
México emprende este 2026 la producción local de vacunas contra COVID-19 gracias a un acuerdo con Pfizer para transferir tecnología de ARN mensajero (ARNm) basada en la innovación denominada “never frozen”. Este avance permitirá que las dosis no requieran ultracongelación, facilitando su distribución en zonas remotas o con limitada infraestructura de refrigeración.
La iniciativa responde a un esfuerzo nacional por fortalecer el sector farmacéutico y alcanzar la autosuficiencia sanitaria, alineándose con las recomendaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Rodrigo Sini, director senior de Asuntos Médicos para Mercados Emergentes en Pfizer, destacó que “la inversión en inmunización no solo salva vidas, también impulsa el bienestar social y económico de los países”.
Juan Luis Morell, director general de Pfizer México, explicó que las nuevas vacunas podrán mantenerse en temperaturas estándar de 2 a 8 grados Celsius, lo que reduce ampliamente los retos logísticos que implicaba la conservación a -70 grados Celsius. Esto abrirá la posibilidad de vacunar a comunidades que tradicionalmente tenían acceso limitado debido a las condiciones extremas de almacenamiento.
Además de la compra de dosis actualizadas, México participará en etapas de fabricación en la planta de Pfizer localizada en Toluca, Estado de México. Esta transferencia tecnológica abre la puerta al desarrollo de futuras terapias basadas en el ARNm para tratar otras enfermedades como el cáncer, diabetes y problemas cardiacos. Como señaló Rodrigo Sini, “el futuro de esta tecnología es muy prometedor”. El impulso hacia la producción nacional posiciona al país en el camino de dejar de ser sólo consumidor y pasar a ser productor de vacunas, importante para estar mejor preparado ante futuras emergencias sanitarias.



































































































