
La presencia de los automóviles de origen chino en el mercado mexicano refleja un proceso complejo que involucra inversiones estratégicas, acuerdos internacionales y colaboraciones locales. En 2025, cinco marcas chinas comercializaron en conjunto más de 101,000 unidades en México, posicionándose como un fenómeno en la industria automotriz nacional.
Cada una de estas marcas cuenta con una historia única que las distingue. Por ejemplo, MG, la primera en ventas, tiene raíces británicas desde 1924, pero actualmente es propiedad del gobierno chino a través de SAIC Motor, empresa bajo supervisión estatal de Shanghái. Por otro lado, JAC Motors, fundada en 1964 en China, produce en México mediante un ensamblaje local en Hidalgo, en planta con participación del empresario Carlos Slim y asociados, lo que le permite portar la etiqueta “Hecho en México”.
Geely, a diferencia de las otras marcas, es el único grupo automotriz chino privado con amplio portafolio, al ser propietario de firmas como Volvo y accionista importante de Mercedes-Benz. Su fundador, Li Shufu, ha impulsado su crecimiento desde la fabricación de piezas para refrigeradores hasta su expansión internacional.
Chirey (Chery), controlada por el gobierno municipal de Wuhu, China, destaca por su alianza con Jaguar Land Rover desde 2012, una colaboración que ha mejorado sus estándares de diseño y fabricación. Su entrada al mercado mexicano se concretó en 2022 con modelos bajo la familia Tiggo. Paralelamente, Omoda fue creada por el mismo grupo para abarcar segmentos distintos con crossovers y SUVs, demostrando una estrategia de expansión interna bajo una misma propiedad.
Estas marcas reflejan una diversificación de propiedad: cuatro operan bajo control estatal chino y una es privada. Además, la mezcla de historia británica, inversión pública y alianzas con empresarios locales muestra que el fenómeno de los autos chinos en México es el resultado de decisiones empresariales y políticas que se han consolidado durante décadas tanto dentro como fuera de China. Así, los consumidores no solo adquieren productos competitivos, sino que entran en un entramado global de relaciones industriales.


































































































