
A pocos días del inicio oficial del Mundial de fútbol 2026, conviene reflexionar sobre las consecuencias que este evento generará más allá del terreno deportivo, pues se anticipan efectos tanto positivos como negativos en las ciudades sede mexicanas: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. La celebración involucra no sólo una afluencia masiva de personas y dinero, sino también la posible reconfiguración urbana y social que incluye la aparición de conflictos, desplazamientos de población vulnerable y el predominio de intereses privados sobre las autoridades públicas.
Aunque México es uno de los tres países anfitriones de esta justa deportiva, Estados Unidos ejerce un papel predominante en la organización. Para entender mejor las repercusiones, resulta ilustrativo revisar la experiencia brasileña tras la Copa 2014 y los Juegos Olímpicos 2016, donde se identificaron varios patrones: mercantilización urbana, gobernanza neoliberal, destrucción y creación de instituciones, desplazamiento social y promoción de asociaciones público-privadas.
Estos eventos han estado ligados a procesos de transformación urbana que suelen generar barreras y conflictos, así como a la adopción de leyes especiales que reducen la participación social y subordinan el poder público a intereses de mercado. De manera significativa, se ha observado relocalización de sectores pobres y la modificación de las prácticas deportivas como parte de las adaptaciones que conllevan estas competencias internacionales.
En México, la expectativa por el Mundial no es homogénea en todo el país; fuera de las ciudades sede se percibe un menor interés debido al costo y la distancia del evento. Al mismo tiempo, políticos locales como Clara Brugada, Samuel García y Pablo Lemus aprovechan la coyuntura para fortalecer su imagen pública y posicionarse políticamente. En palabras del escritor Juan Villoro, “A pesar de las cosas que envilecen al futbol actual, como corrupción, explotación económica, dopaje, racismo y xenofobia, el futbol ha podido mantener y renovar la capacidad de asombrarnos”. Queda por ver cuáles serán las huellas que este Mundial dejará en México una vez concluida la fiesta deportiva.



































































































