
En la antesala del Mundial 2026, que tendrá su partido inaugural en la Ciudad de México, la atmósfera se mezcla entre la celebración deportiva y diversas manifestaciones sociales. La llegada del torneo se vive no solo en los estadios, sino también en plazas públicas capitalinas, con actividades culturales y espacios para aficionados. Sin embargo, simultáneamente, grupos sociales aprovechan la visibilidad internacional para expresar demandas y protestas que van desde la crisis de desapariciones hasta reclamos sobre servicios básicos y condiciones laborales.
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha estado presente con un plantón desde finales de mayo en el Centro Histórico, cercano al Zócalo, donde se realiza el FIFA Fan Fest. Los educadores demandan reformas en el sistema de pensiones estatales y revisiones salariales, manteniendo un conflicto abierto con las autoridades locales. Paralelamente, familiares de personas desaparecidas buscan visibilizar este grave problema mediante concentraciones y acciones en los accesos al Estadio Azteca, donde la seguridad especial ha limitado sus acercamientos.
Al margen de las protestas, la transformación urbana que conlleva la sede mundialista genera disputas entre vecinos y comerciantes, quienes denuncian desplazamientos y el impacto de las obras de infraestructura. La concentración de operativos de seguridad en torno al estadio refleja la respuesta oficial para garantizar el desarrollo del evento en medio de este contexto tenso.
El sur de la capital se presenta como el epicentro de estos movimientos sociales y la celebración deportiva, evidenciando un escenario donde la emoción futbolística convive con expresiones legítimas de reivindicación social, cuyo futuro alcance es aún incierto.



































































































