
El lunes, las acciones de compañías biotecnológicas especializadas en terapias psicodélicas experimentaron un fuerte incremento tras la firma de una orden ejecutiva por parte del expresidente Donald Trump, destinada a acelerar la investigación y el acceso a ciertos psicodélicos para el tratamiento de enfermedades mentales graves como el trastorno de estrés postraumático y la adicción a opioides.
Entre las firmas que vieron un aumento significativo en su valor destacan AtaiBeckley, con un alza del 31% en sus primeras operaciones, así como Compass Pathways (38.9%), GH Research (20.9%) y Definium Therapeutics (9.7%). Además, empresas como Cybin y Enveric Biosciences también reportaron incrementos destacables, esta última llegando al 187%.
El comisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), Marty Makary, anunció que la agencia otorgará vales nacionales de revisión prioritaria para tres psicodélicos aún por definir, permitiendo acelerar la aprobación regulatoria de medicamentos alineados con prioridades nacionales. Según el analista Andrew Tsai, esta medida representa un “sello oficial de validación” para la industria psicodélica, reforzando la confianza de los inversionistas y anticipando un aumento en el interés hacia estas terapias antes de posibles aprobaciones regulatorias entre 2027 y 2030.
Uno de los fármacos mencionados en la orden es la ibogaína, un psicodélico utilizado en el tratamiento de condiciones como depresión y TEPT, especialmente en veteranos militares. A pesar de su potencial terapéutico, la ibogaína presenta riesgos significativos, incluyendo toxicidad cardiovascular, y permanece clasificada como sustancia prohibida en Estados Unidos. El gobernador de Texas, Greg Abbott, ha promovido iniciativas estatales para investigar su uso, con un fondo de 50 millones de dólares, aun cuando la FDA no haya aprobado su aplicación.
El apoyo oficial y mediático hacia estas terapias ha crecido notablemente, ejemplificado por la presencia del podcaster Joe Rogan durante la firma de la orden ejecutiva, reforzando la percepción de que la administración federal busca abrir paso a estas opciones terapéuticas a pesar de los debates sobre su seguridad.
Este avance se enmarca en una evolución general sobre las políticas y percepciones relacionadas con los psicodélicos, después de décadas de prohibición y recientes estudios científicos que apuntan tanto a beneficios como a riesgos en su aplicación clínica.



































































































