
Fitch Ratings ha manifestado que, aunque la desaceleración económica afecta el comportamiento de la banca mexicana, no identifica señales alarmantes que justifiquen una preocupación significativa. Alejandro Tapia, director senior de Instituciones Financieras de Fitch, señaló que las entidades mexicanas suelen actuar con prudencia en contextos económicos inciertos y subrayó que no anticipan un deterioro considerable en el desempeño bancario que pudiera afectar sus calificaciones.
En un evento anual de Fitch, Tapia afirmó que los indicadores del sistema financiero y algunas instituciones específicas aún tienen margen para adaptarse a la coyuntura actual. En contraste, Moody’s ha advertido sobre ciertos riesgos derivados del crecimiento económico menor y la acelerada expansión del crédito al consumo, lo cual ha llevado al incremento del saldo de créditos con alta probabilidad de impago durante los primeros meses del año.
Entre enero y mayo, la cartera de créditos clasificados en etapa tres —aquellos con deterioro significativo y mayor riesgo de morosidad— creció un 14.35% real, alcanzando 193,019 millones de pesos, según la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Tapia explicó que este aumento se atribuye principalmente al segmento de consumo, como las tarjetas de crédito y préstamos personales, un fenómeno esperado debido a la desaceleración económica.
El ejecutivo enfatizó que este panorama no implica una debilidad estructural en el sistema bancario mexicano, que se mantiene conservador y espera la evolución del entorno económico. En cuanto al crédito empresarial, el crecimiento ha sido más moderado, lo que junto con las condiciones geopolíticas y comerciales actuales presiona la rentabilidad bancaria. Para 2027, Fitch vislumbra una posible mejora si el clima macroeconómico se estabiliza y la relación comercial con Estados Unidos se clarifica, además de avances en proyectos internos de infraestructura.



































































































