
El sector de alojamientos turísticos en México enfrenta un escenario dual en el contexto del Mundial de Fútbol 2026. Por un lado, existe la esperanza de un impulso económico significativo provocado por la llegada de más de 5.5 millones de turistas durante junio y julio, periodo en el que se llevará a cabo el torneo. Sean Cázares, director de la Asociación Mexicana de Viviendas Turísticas, expresó confianza en que la Copa Mundial contribuirá a un aumento considerable en la ocupación de alojamientos, especialmente en las fases eliminatorias, vaticinando resultados positivos para 2026. En la Ciudad de México, la oferta de viviendas turísticas supera los 23,000 alojamientos, reflejando la importancia de este mercado.
Brian Chesky, director ejecutivo de Airbnb, también califica este evento como el más grande en la historia de la plataforma, anticipando un flujo sin precedentes de huéspedes. Sin embargo, no todos comparten esta visión optimista. Ángel Torres, líder de Todos Somos Anfitriones, señala que las expectativas están sobrevaloradas y que el sector aún enfrenta incertidumbre debido a la regulación vigente, por lo que el beneficio económico podría no alcanzar niveles históricos.
Por otro lado, activistas como Sergio Juaricua denuncian que la organización del Mundial ha agravado la crisis habitacional en zonas emblemáticas de la capital mexicana. Informan que un alto porcentaje de viviendas en barrios como la Colonia Juárez están destinadas a alquileres turísticos, lo que ha generado desplazamientos forzados de residentes y el cierre de negocios tradicionales para dar paso a comercios orientados al turismo de alto gasto. Ejemplifican que en esta colonia se ha desplazado al 40% de su población nativa en una década y se perdió casi la totalidad del comercio local.
Juaricua advierte que las autoridades han privilegiado los intereses turísticos sobre los derechos ciudadanos, transformando barrios históricos en espacios temáticos para visitantes y causando exclusión social al sustituir negocios tradicionales por opciones de alto costo. Habitantes han sido expulsados, y edificios enteros han sido adquiridos por fondos de inversión para convertirlos en hoteles o apartamentos turísticos. Esta realidad genera un debate sobre el equilibrio entre desarrollo económico y preservación social durante eventos de gran escala como el Mundial.



































































































