
Los principales bancos centrales, entre ellos la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco de Inglaterra, han adoptado una postura de cautela al permitir que los mercados de bonos guíen la política monetaria en medio de una creciente incertidumbre por la guerra en Irán y sus efectos en los precios globales de la energía. Este enfoque se basa en la observación de que el alza reciente en los rendimientos de los bonos ha elevado los costos de financiación para empresas y propietarios, lo que en sí mismo genera un endurecimiento financiero similar al que lograría un incremento de las tasas.
Kevin Warsh, presidente de la Fed, señaló que este endurecimiento se debe en parte a un cambio en las expectativas, a raíz de las señales menos agresivas de la institución, por lo que los mercados “juegan la pelota, no hacen de árbitro” respecto a las tasas de interés. Sin embargo, algunos especialistas se muestran escépticos ante esta estrategia y advierten que la respuesta del mercado es aún débil comparada con ciclos anteriores y que un retraso excesivo en ajustar las tasas podría dificultar el control de la inflación si esta se propaga más ampliamente.
La volatilidad en los precios del petróleo, afectada por los conflictos en Medio Oriente, hace prudente esperar antes de actuar para evitar subir tasas en un contexto de incertidumbre elevada. No obstante, históricamente, movimientos tardíos han complicado el control de los precios, como se evidenció tras la invasión rusa a Ucrania y la pandemia.
Además, la curva de rendimientos en Estados Unidos y el Reino Unido ha mostrado una inclinación marcada, reflejo de rendimientos crecientes en bonos a largo plazo frente a los cortos, lo que añade presión para que las autoridades monetarias eventualmente actúen. El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, y la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, también han reconocido que el aumento de las primas de riesgo contribuye a moderar presiones inflacionarias. En Japón, el Banco de Japón mantiene su política mientras interviene en el mercado cambiario para apoyar al yen, manteniendo la opción de ajustar tasas si la inflación se generaliza. En resumen, los bancos centrales prefieren por ahora una posición mesurada, dejando que los mercados absorban el impacto, ante la incertidumbre de la evolución inflacionaria y los efectos de tensiones geopolíticas sobre la economía global.



































































































