
Cada verano, millones buscan refugio en playas y ecosistemas marinos, que además constituyen una parte vital del turismo en México, representando cerca del 9% del Producto Interno Bruto entre 2024 y 2025. Durante temporadas como la Cuaresma y Semana Santa, el consumo de pescados y mariscos puede aumentar hasta un 70%, lo que destaca la importancia económica y social del océano para numerosas comunidades, especialmente a través de actividades como la pesquería del camarón, que genera más de 37 mil empleos y contribuye con exportaciones significativas.
Sin embargo, este entorno natural enfrenta serias amenazas por el cambio climático. Lejos de ser solo un escenario de calor extremo o fenómenos atmosféricos, el océano es un regulador clave que absorbe aproximadamente el 90% del exceso de calor generado por la actividad humana y captura cerca del 25% del dióxido de carbono que emitimos. Esta función depende en gran medida de organismos microscópicos como el fitoplancton, que producen alrededor de la mitad del oxígeno global mediante la fotosíntesis.
Los ecosistemas costeros como manglares, arrecifes de coral y pastos marinos actúan como barreras naturales que protegen las zonas costeras contra tormentas y erosión. Por ejemplo, los arrecifes pueden amortiguar hasta el 97% de la fuerza del oleaje, mientras que los manglares mitigan inundaciones y resguardan a millones de personas. Además, estas áreas son esenciales para la reproducción y refugio de especies marinas de importancia comercial.
No obstante, el aumento de la temperatura del océano está alterando los hábitats y poniendo en riesgo la supervivencia de numerosas especies. El blanqueamiento coralino, ocasionado por el estrés térmico, podría causar la pérdida funcional de hasta el 90% de los arrecifes con un calentamiento de 1.5 °C, aumentando al 99% con 2 °C. Frente a esta realidad, México ha incorporado en su NDC 3.0 estrategias específicas para conservar estos ecosistemas y promover una economía azul sostenible, que combina la protección ambiental con el desarrollo económico y la reducción de emisiones.
El océano es mucho más que un espacio recreativo o fuente de alimento; es un componente esencial para la regulación climática y la estabilidad social del planeta. Preservarlo significa fortalecer la capacidad humana para enfrentar los retos del cambio climático y garantizar un futuro sustentable para las generaciones venideras.



































































































