
Durante la última década, las aseguradoras en México han destinado aproximadamente 79,800 millones de pesos para cubrir daños relacionados con fenómenos hidrometeorológicos como lluvias intensas y ciclones, lo que resulta en un desembolso promedio diario de 22 millones de pesos para atender siniestros causados por lluvias, huracanes, sequías, inundaciones y granizadas.
Para 2026, la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) pronostica al menos 11 ciclones de categorías 1 y 2 en las costas del Pacífico y Atlántico, una cifra que representa un aumento del 38% respecto al año anterior, cuando se documentaron ocho eventos similares. Este incremento en la actividad ciclónica incrementa la vulnerabilidad de millones de personas en el país, considerando que alrededor del 40% del territorio nacional también enfrenta riesgos adicionales, como sismos y sequías.
El costo económico de estos fenómenos naturales se magnifica por factores como la urbanización irregular y la falta de adecuación a normas de construcción, lo que eleva la magnitud de los daños. Pese a ello, la cultura de aseguramiento en México sigue siendo limitada: solo el 25.8% de los hogares posee una póliza que proteja su vivienda, ya sea contratada voluntariamente o por medio de un crédito hipotecario.
Esta situación es más crítica en regiones altamente expuestas a estos fenómenos. Por ejemplo, en Guerrero solo el 11.6% de las casas está asegurada y en Oaxaca la cifra desciende a un 6.5%. Ante estos datos, la AMIS enfatiza la importancia de promover la contratación de seguros para mitigar el impacto financiero que los eventos hidrometeorológicos puedan causar a las familias mexicanas en 2026.



































































































