
El reciente tope establecido de 27 pesos por litro para el precio del diésel en México puso en aprietos a miles de gasolineras al presionar aun más sus ya ajustados márgenes de ganancia. El ajuste, vigente desde el 4 de mayo, busca paliar el costo del transporte en el país, pero en la práctica genera desequilibrios en un sector que históricamente ha operado con márgenes limitados.
En un mercado donde los precios mayoristas y minoristas frecuentemente superan el nuevo límite, solo el 9% de las estaciones que venden diésel se han alineado al tope oficial. De las más de 14,000 gasolineras en México, alrededor de 10,800 cuentan con permiso para comercializar este combustible, clave para la logística del transporte de mercancías. Sin embargo, la mayoría enfrenta una brecha significativa entre el precio fijado y los costos reales de operación y suministro.
El CEO de PetroIntelligence, Alejandro Montufar, señala que la medida complica la viabilidad de los gasolineros, especialmente aquellos que dependen de importadores privados, cuyos costos de adquisición suelen ser hasta dos pesos por litro más altos que los ofrecidos por Pemex. Este diferencial genera distorsiones competitivas y dificultades para mantener un abasto fluido, lo que provoca retrasos y escasez en algunas estaciones.
Las autoridades han justificado el ajuste basado en descuentos al mayoreo y estímulos fiscales que pretenden trasladar ahorros al consumidor. No obstante, la reducción no es lineal ni suficiente para cubrir la cadena logística, sobre todo en regiones remotas con costos más elevados. De esta forma, el sector gasolinero enfrenta un desafío: operar con márgenes mínimos o arriesgarse a incumplir el acuerdo gubernamental mientras se tensiona la cadena de suministro y se impacta la economía general a través de los costos del transporte.



































































































