
La percepción negativa sobre la economía mexicana continúa en aumento, reflejando una contracción que ya no solo es reconocida por las autoridades, sino también palpable para los consumidores en su vida diaria. De acuerdo con el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) de abril de 2026 reportado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el componente que mide la evaluación de la situación económica actual del país respecto a un año atrás mostró una caída a 38.5 puntos, su nivel más bajo en cinco meses. Esto representa un descenso anual de 3.1 puntos y una disminución mensual de 0.3 puntos.
Este indicador particular acumula 17 meses consecutivos con caídas anuales, y la última vez que registró un resultado positivo fue en noviembre de 2024. Julio Santaella, ex presidente del Inegi, explicó que solo alrededor del 40% de los mexicanos perciben una mejoría económica en el último año, mientras que el 45% de los hogares espera que las condiciones mejoren en el próximo periodo.
El Banco de México (Banxico) también confirmó la contracción económica del primer trimestre de 2026 y advirtió sobre riesgos persistentes que podrían empeorar la situación. El poder adquisitivo de las familias se ha visto afectado; el componente del ICC que evalúa las posibilidades actuales para comprar bienes duraderos como muebles y electrodomésticos se situó en 29.6 puntos, ya con tres caídas anuales consecutivas. Además, el indicador que mide la capacidad de compra para ropa, calzado y alimentos alcanzó 41.49 puntos, su peor nivel en más de dos años, con una reducción anual de 1.5 puntos.
El economista Mario Durán señaló que “las familias perciben que su situación ha empeorado respecto a hace un año y no esperan que la situación del país mejore en 2026. Esto significa que no hay confianza de los consumidores, más bien empeoró”. En conjunto, el ICC general se mantuvo en 44.23 puntos en abril, por debajo del umbral de 50 y con 16 meses consecutivos de resultados negativos en comparación anual. La cautela de los hogares sobre la economía y su capacidad de consumo, especialmente en bienes duraderos, sigue persistente, lo que refleja que el entorno macroeconómico sigue siendo un factor limitante para las decisiones de gasto.



































































































