
La economía brasileña mostró una contracción inesperada en junio, registrando la mayor caída de actividad en más de un año. El índice de actividad económica del Banco Central (IBC-Br), un indicador aproximado del PIB, descendió un 0,64% respecto al mes anterior, superando la previsión promedio de -0,5%. Esta cifra representa la caída más pronunciada desde mayo de 2025, aunque en términos interanuales el índice creció un 2,35%.
Pese a esta contracción mensual, la economía registró un crecimiento del 0,2% en el segundo trimestre en comparación con el primero. La reducción observada en junio alimenta la expectativa de un nuevo ajuste a la baja en las tasas de interés en la próxima reunión del Banco Central, ya en septiembre. En agosto, el Comité de Política Monetaria (Copom) redujo la tasa Selic en un cuarto de punto porcentual, situándola en 14%, en su cuarta decisión consecutiva de recortes.
Los responsables de la política monetaria mantuvieron cautela en sus proyecciones, apuntando que las futuras decisiones dependerán de la evolución de la inflación y la actividad económica. La ralentización en sectores clave como servicios e industria y una desaceleración de la inflación anual en junio y julio sugieren que la política monetaria restrictiva está impactando en la economía.
La economista Adriana Dupita explicó que la contracción de junio refleja el efecto de la política monetaria aún restrictiva en Brasil. A medida que los estímulos fiscales del primer trimestre pierden fuerza, sectores sensibles a tasas de interés muestran menor dinamismo. Por ahora, pese al crecimiento modesto del PIB en el segundo trimestre, persiste la incertidumbre sobre la evolución inflacionaria, los estímulos internos y factores externos como los precios del petróleo y las decisiones de la Reserva Federal, que constituyen riesgos para la estabilidad económica.



































































































