
La realización del Mundial de Futbol 2026 en México no solo representó un evento deportivo, sino también una oportunidad para transformar la percepción internacional del país. Durante las cinco semanas del torneo, México logró reposicionar su imagen a nivel global a través del llamado “soft power” o poder blando, mostrando una nación hospitalaria, alegre y capaz de organizar eventos de talla mundial.
Históricamente estigmatizado por la violencia y la actividad de cárteles, México aprovechó la visibilidad generada por la organización de la ceremonia inaugural y 13 partidos exitosos para proyectar una nueva narrativa, alejada de estereotipos negativos. Con una audiencia global estimada en 1,200 millones de personas, el país demostró una cara más amable y segura, que incluso fue ratificada por una disminución significativa de homicidios durante el evento.
Este cambio en la percepción fue evidenciado en el entusiasmo y las festividades, como el viralizado festejo “¡Quiere volar!”, que se convirtió en símbolo del ambiente festivo mexicano. Aun así, expertos advierten que el impacto del “soft power” es temporal y que el gobierno deberá capitalizar este momento para consolidar una imagen que trascienda el Mundial, mediante políticas que fomenten la seguridad, la estabilidad y el turismo.
Para mantener esta mejora en la posición internacional, se requiere fortalecer la infraestructura turística y cultural, así como continuar con una promoción eficiente que contrarreste las noticias negativas sobre violencia. Según especialistas en comunicación y relaciones internacionales, la tarea ahora es transformar estos buenos reflejos en beneficios duraderos para la economía, la diplomacia y la imagen nacional.



































































































