
México enfrenta un reto crucial para erradicar el VIH como problema de salud pública antes de 2030, meta establecida por ONUSIDA. A cuatro años de ese plazo, el país ha alcanzado dos de los tres objetivos planteados: garantizar el acceso universal al tratamiento y la supresión viral del virus en quienes reciben atención. Sin embargo, aún queda pendiente mejorar el diagnóstico temprano, ya que cerca de 128,000 personas que viven con VIH desconocen su condición.
Actualmente, se estima que 430,000 mexicanos viven con VIH, pero solo el 70% conoce su diagnóstico. El compromiso internacional estipula que para 2030 al menos el 95% de las personas con VIH deben estar diagnosticadas, contar con acceso a tratamiento y alcanzar una carga viral indetectable, lo que impide la transmisión.
Aunque las pruebas para detectar la infección son gratuitas y están disponibles en todas las unidades de salud pública, el mayor obstáculo ya no es la infraestructura ni la ausencia de insumos médicos, sino el estigma social que persiste alrededor del VIH. Este factor limita que la población se realice la prueba de forma periódica y preventiva, atributo considerado clave para la detección oportuna.
Con el fin de superar esta barrera, las autoridades sanitarias planean triplicar el número de pruebas rápidas disponibles hasta 2030, facilitando su aplicación en centros médicos, comunidades, escuelas y lugares de trabajo. El director general de Censida, Juan Luis Mosqueda, enfatizó: “Debemos normalizar la prueba de VIH de la misma manera rutinaria que acudes a checarte la presión o la glucosa”. La detección temprana es vital para iniciar el tratamiento a tiempo y evitar que el virus evolucione a sida, situación que ocurre frecuentemente cuando la infección se diagnostica tarde.
Además, un diagnóstico a tiempo no solo mejora la calidad de vida y expectativa de quienes viven con VIH, sino que también contribuye a reducir la transmisión. La estrategia “indetectable = intransmisible” se basa en que una persona que recibe tratamiento y mantiene una carga viral indetectable no transmite sexualmente el virus. Por ello, aumentar el diagnóstico resulta fundamental para disminuir tanto nuevas infecciones como el número de muertes relacionadas.
En 2025, México registró más de 16,000 nuevos casos y más de 5,000 muertes por complicaciones asociadas. También persisten desafíos para eliminar la transmisión vertical del VIH de madres a hijos, con casi 900 casos reportados entre 2014 y 2025. La detección durante el embarazo permitirá ofrecer tratamiento oportuno y evitar la transmisión neonatal, una meta que requiere normalizar la prueba como parte de los controles prenatales.
El éxito en la lucha contra el VIH en México dependerá no solo de la disponibilidad de recursos médicos y tecnología, sino crucialmente de eliminar los prejuicios y el estigma social que obstaculizan el acceso temprano al diagnóstico y tratamiento. La búsqueda de una sociedad más consciente y desinfectada de discriminación es el último paso para alcanzar las metas fijadas para 2030.



































































































