
Un objeto celestial conocido como “planeta rosa”, detectado en 2013 a 57 años luz de la Tierra, ha sido objeto de nuevas observaciones gracias al telescopio espacial James Webb. Este cuerpo, con una masa unas 25 veces mayor a la de Júpiter, se encuentra en la frontera difusa que divide a los planetas gigantes de las enanas marrones, por lo que los expertos lo clasifican como un “compañero de masa planetaria”. Su baja temperatura de aproximadamente 290 grados Celsius y su gran antigüedad, estimada entre 2,500 y 4,000 millones de años, lo convierten en uno de los objetos fríos más difíciles de estudiar desde la Tierra.
La investigación desarrollada por un equipo liderado por la Universidad Northwestern en Estados Unidos, y publicada en una revista científica reciente, ha permitido descubrir una atmósfera poco común en este cuerpo. A través de observaciones y procesamiento avanzado de datos que eliminaron el resplandor de la estrella cercana, el James Webb detectó nubes salinas y una mezcla notable de compuestos químicos exóticos, incluyendo vapor de agua, metano, dióxido de carbono y amoníaco, entre otros.
Este hallazgo constituye la primera evidencia directa de la presencia de nubes salinas en la atmósfera de un objeto frío, un fenómeno que había sido teorizado hace más de quince años. Además, reveló que el ‘planeta rosa’ posee una alta abundancia de elementos pesados o metales, lo que añade complejidad a su origen y formación, dado que los datos actuales no permiten determinar con certeza si se formó como un planeta o como una pequeña estrella.
El estudio, que involucra colaboración con el Instituto Científico del Telescopio Espacial, representa un avance significativo para el análisis de cuerpos celestes que son demasiado tenues para ser explorados con telescopios terrestres, abriendo nuevas posibilidades en la comprensión de objetos exoplanetarios y su diversidad atmosférica.



































































































