
Los centros de datos han atraído millonarias inversiones a Querétaro, pero su rápido crecimiento se enfrenta a una red eléctrica que opera al límite y provoca apagones en comunidades cercanas. Empresas como Amazon, Cloud HQ, Equinix, Microsoft y Ascenty instalaron grandes infraestructuras en el estado, que concentra el 72% de la capacidad instalada de data centers en México.
Pese a la llegada de estas inversiones, habitantes de localidades como El Blanco reportan cortes de energía que duran días y afectan servicios básicos y medicinas refrigeradas. Antonio Gómez dijo que perdió insulina tras dos o tres días sin luz; el ambulatorio local registró que las vacunas se estropearon en seis ocasiones desde 2025, según la crónica. Otra vecina contó que un apagón interrumpió el suministro de oxígeno a sus hijas por unos minutos.
Expertos y la asociación del sector MEXDC afirman que los apagones no responden directamente a la operación de los centros de datos, porque hogares e industrias se abastecen de fuentes distintas. Oscar Ocampo, especialista del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), atribuyó el problema a la falta de infraestructura: “se trata de cuestiones distintas que parten del mismo problema, que es la falta de infraestructura eléctrica suficiente”. El IMCO documentó en 2025 que el gobierno ejecutó solo el 11% del gasto aprobado para transmisión eléctrica, lo que generó, dijo, un “cuello de botella estructural”.
La MEXDC descartó por ahora avanzar hacia centros de almacenamiento o generación de datos y su directora, Adriana Rivera, resumió la limitación: “Nos falta potencia”. Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum inauguró en diciembre pasado una central eléctrica a base de gas natural en Querétaro, la Secretaría de Energía reconoció que el crecimiento industrial presiona el suministro. Además, el desarrollo de data centers plantea retos hídricos: Microsoft señaló que usa agua para enfriar servidores solo el 5% de las horas del año y el resto del tiempo emplea aire exterior. Con el auge de la industria, autoridades, empresas y comunidades enfrentan el desafío de ampliar la infraestructura eléctrica y de gestión del agua para evitar que el crecimiento tecnológico aumente la vulnerabilidad de los servicios básicos.


































































































