
Pese a la reciente fortaleza global del dólar, varias monedas de América Latina han mostrado resistencia e incluso han recuperado terreno frente a la divisa estadounidense. Sin embargo, Goldman Sachs ha advertido que el incremento en los precios internacionales del petróleo, derivado del conflicto en Medio Oriente, está comenzando a impactar la inflación en la región, complicando la labor de los bancos centrales.
El informe de Goldman Sachs resalta que América Latina ha mostrado una notable resiliencia, pero no es inmune al aumento de los costos de la energía y sus derivados. Por ello, ha elevado sus previsiones de inflación para 2026, ajustando al alza sus estimaciones para países como Argentina (29.0% desde 22.5%), Chile (4.2% desde 2.8%), Perú (3.7% desde 2.4%) y Colombia (6.5%).
El análisis señala que la inflación de servicios permanece alta y persistente, alcanzando un 5.4% anual, mientras que la inflación en combustibles aumentó recientemente de una caída del 1.5% en febrero a un crecimiento del 2.5% anual en marzo. Esta situación reduce el espacio para que los bancos centrales flexibilicen la política monetaria, a pesar de una desaceleración económica en algunas naciones.
Casos particulares como México muestran un ciclo de ajuste que parece estar concluyendo, aunque las autoridades monetarias aún ponderan más el débil crecimiento que la inflación subyacente. Por otro lado, Brasil exhibe un crecimiento más dinámico, pero con mayores desafíos inflacionarios atribuibles al alza del petróleo y a la fortaleza de la demanda. En conjunto, la dinámica de monedas relativamente sólidas, precios energéticos elevados y una inflación persistente redefine el principal reto macroeconómico para la región: controlar las presiones inflacionarias sin afectar el crecimiento económico.



































































































