
La participación de México como sede del Mundial de Fútbol 2026 permitió al país reposicionar su imagen internacional mediante el uso del soft power, una estrategia basada en la hospitalidad, la alegría y la capacidad de organización demostrada durante el evento. Tradicionalmente estigmatizado por la violencia y el narcotráfico, México logró presentar una narrativa distinta que contrastó con los estereotipos negativos arraigados en medios internacionales.
Durante las cinco semanas del Mundial, que incluyeron la ceremonia inaugural y 13 partidos, el país captó la atención de más de mil doscientos millones de espectadores en todo el mundo. Los expertos advierten que el efecto de mejora en la percepción no es permanente, pues una vez concluido el torneo, los relatos sobre violencia y crimen podrían retomar protagonismo. Claudio Flores Thomas, especialista en comunicación, señala que “es un analgésico que durante un cierto tiempo te ayuda a cambiar los relatos de tu país, pero en cuanto se acabe el mundial, es esperable que los criterios de lo que es noticioso de México volverán a priorizar estos eventos de alto impacto delictivo local.”
El entusiasmo de los aficionados, plasmado en tradiciones como el festejo “¡Quiere volar, quiere volar!” y cantos emblemáticos como “Cielito lindo,” transmitió una imagen vibrante y acogedora que resonó más allá de los estadios. Esto fue reforzado por la percepción de seguridad experimentada durante el evento, ya que no se registraron hechos violentos de alto impacto mundial y el despliegue de aproximadamente 100,000 elementos de seguridad aseguró la protección de visitantes y participantes.
Para capitalizar esta oportunidad, el gobierno deberá implementar estrategias sostenidas que mantengan y potencien la imagen positiva generada. Expertos en turismo e internacionalistas sugieren que la infraestructura y la promoción continua son imprescindibles para aprovechar plenamente el impulso logrado y atraer inversiones y turistas a largo plazo. En palabras de Lizbeth Soto Morales, internacionalista de la UNAM: “Las circunstancias son propicias para que los inversionistas volteen a ver a nuestro país de una manera más positiva. En cuanto al turismo, la gente de otros países está muy feliz y esto dará una imagen positiva que repercutirá en el aumento del turismo.” Sin embargo, persiste el reto de equilibrar esta narrativa con la realidad de la violencia, para lo que se requiere mayor atención gubernamental.



































































































