
Las aplicaciones de citas han estado dominadas por el gesto de deslizar perfiles durante años, pero una nueva generación de emprendedores perteneciente a la Generación Z está desarrollando plataformas que buscan cambiar radicalmente esta experiencia. Conscientes del cansancio y frustración que genera deslizar sin fin, estas startups apuestan por modelos que priorizan las conexiones auténticas y las citas cara a cara.
La compañía Known, fundada por Celeste Amadon y Asher Allen, ha creado una app donde los usuarios comienzan con una interacción guiada por inteligencia artificial para incentivar conversaciones más naturales. Luego, los empareja de uno en uno, con un enfoque en la calidad. Si ambas personas aceptan, la app agenda la primera cita y cobra una tarifa de 15 dólares por persona. Este pago puntual contrasta con las elevadas suscripciones tradicionales de apps como Hinge o Bumble, y se fundamenta en el principio de que las plataformas deben monetizar solo cuando facilitan encuentros reales.
Otra alternativa innovadora es 222, que reemplaza los perfiles y algoritmos tradicionales por cenas grupales donde seis personas se reúnen basados en su compatibilidad. El evento incluye dinámicas para fomentar nuevas conexiones y posteriormente el algoritmo recomienda encuentros individuales, buscando retomar el sentido de los encuentros sociales espontáneos. Su fundador, Keyan Kazemian, afirma: “Si dejamos de tener interacciones sociales reales… dejamos de ser humanos”.
Finalmente, Ditto se enfoca en citas organizadas a través de mensajes de texto sin app, solamente para universitarios, fomentando encuentros simples como tomar un café. Allen Wang, CEO de Ditto, destaca la intención de devolver la esencia presencial a las citas, evitando la fatiga del deslizamiento digital y promoviendo conexiones auténticas.
Estas iniciativas surgen en un contexto donde las aplicaciones convencionales reportan caídas en usuarios y cuestionamientos sobre su eficacia. Las nuevas propuestas buscan una experiencia que responda mejor a las necesidades de la Generación Z, para quienes la autenticidad y la interacción humana directa son prioritarias. Como reflexiona Kazemian: “Quienes realmente van a solucionar esto son los que han sentido hastío y cansancio con los productos actuales”.



































































































