
México ha mostrado una notable capacidad para afrontar tensiones comerciales, incertidumbres arancelarias y una prolongada desaceleración en la inversión sin perder estabilidad económica. Sin embargo, esta resiliencia no ha sido acompañada de un crecimiento acelerado, lo que plantea un reto significativo para la segunda mitad del año.
Actualmente, la economía mexicana se sostiene con un conjunto de pilares estables más que con motores de impulso sólido. El consumo interno está respaldado por salarios reales que continúan creciendo y un mercado laboral que, en términos generales, mantiene su resistencia. Además, la ventaja arancelaria frente a otros socios comerciales de Estados Unidos mantiene las exportaciones en niveles históricamente elevados. Estos factores se complementan con una estabilidad macroeconómica caracterizada por un tipo de cambio sólido, expectativas de inflación controladas y finanzas públicas en proceso de consolidación, lo que posiciona a México como un mercado atractivo en comparación con otras economías.
No obstante, estos amortiguadores tienen limitaciones. El aumento en la morosidad del crédito y la disminución en el volumen de las remesas son señales de debilidad en el consumo agregado. Asimismo, el crecimiento de las exportaciones supera al de la producción manufacturera, lo que indica un incremento en el contenido importado y una menor generación de valor agregado interno. La dependencia de la ventaja arancelaria, sujeta al entorno externo, protege la participación en mercados que no experimentan crecimiento, pero no contribuye a la expansión productiva.
El capital extranjero registra niveles récord principalmente a través de la reinversión de utilidades, lo cual mantiene las operaciones existentes pero no implica construcción de nuevas plantas o una expansión real. Además, la obra pública comienza a reducirse como parte de una consolidación fiscal, mientras que la edificación privada aún no logra tomar el relevo. Sectores potencialmente beneficiados por la sustitución de la oferta asiática, como textiles y muebles, enfrentan descensos por una competencia asiática fortalecida y un peso mexicano fuerte que favorece las importaciones.
Por otra parte, eventos como el Mundial de fútbol tuvieron un impacto económico limitado, concentrando el gasto local y redistribuyendo actividad sin generar un crecimiento significativo para el Producto Interno Bruto anual.
Así, el principal desafío para México en el segundo semestre es activar nuevos motores de crecimiento que vayan más allá de los soportes actuales. Esto dependerá en buena medida de factores externos, como la revisión favorable del T-MEC, y también de resolver limitaciones internas en sectores clave como energía, agua y capacidad industrial. La capacidad de resistencia está demostrada, pero el crecimiento sostenido aún está pendiente por consolidarse.



































































































