
El auge de los medicamentos para perder peso está cambiando hábitos de consumo y abriendo oportunidades para zapateros, sastres y el mercado de segunda mano en Estados Unidos. Usuarios de fármacos como Ozempic de Novo Nordisk y Mounjaro de Eli Lilly recurren con más frecuencia a ajustes de prendas y accesorios para ahorrar mientras su talla varía.
Talleres de reparación reportan un alza notable en solicitudes para acortar cinturones, ajustar vaqueros y modificar calzado. Cobblers Direct, con operaciones en Texas y envíos a todo el país, acorta ahora hasta 500 cinturones por semana, según su CEO Stephen Kelly, y prepara un nuevo almacén de casi 30,000 pies cuadrados para ampliar su capacidad. En Manhattan, Jim’s Cobbler detectó un incremento similar en correas y ajustes de zapatos; CJ Burgos, responsable de atención al cliente, informó que incluso han visto reducción de talla de pie en algunos clientes.
Encuestas y empresas de reventa confirman la tendencia: la plataforma Trimi señala que muchos usuarios esperan alrededor de seis meses antes de renovar su guardarropa, y ThredUp detecta que compradores migran a tallas menores y aprovechan la ropa de segunda mano; su director de estrategia, Alon Rotem, atribuye el cambio a la escala y velocidad del fenómeno. Por su parte Stitch Fix ha ajustado su oferta con más tallas flexibles y tejidos elásticos, y su CEO Matt Baer estima que al menos 20% de sus nuevas clientas usan medicamentos GLP-1.
El efecto se extiende a cadenas de descuento, tiendas de segunda mano y servicios de arreglo: mientras usuarios intentan prolongar la vida útil de prendas favoritas, sastres y zapateros ven un crecimiento sostenido en la demanda de sus servicios, lo que está reconfigurando parte del comercio minorista y de la moda en torno a la transición corporal impulsada por estos tratamientos.



































































































