
La administración estadounidense, bajo la dirección del presidente Donald Trump, está considerando un ajuste en las tarifas arancelarias que aplica sobre el acero y el aluminio importados. La propuesta contempla fijar un arancel del 25% sobre estos metales, con un cambio significativo: en lugar de gravar únicamente el valor del contenido metálico, los impuestos se calcularán sobre el valor total de los productos terminados que contengan acero o aluminio. Este enfoque busca simplificar el cumplimiento y reforzar la protección de la producción interna.
Actualmente, el esquema aplica un arancel del 50% sobre el contenido metálico en algunos productos, mientras que para materias primas metálicas y bienes fabricados casi completamente con estos metales se mantiene la tarifa vigente. La medida también incluye la posibilidad de reclasificar ciertos productos como bienes básicos si su composición es mayormente acero o aluminio.
Jon Toomey, presidente de la Coalición por una América Próspera, un grupo que ha colaborado con el gobierno, indicó que este cambio fortalecerá el objetivo de respaldar la manufactura nacional y a los trabajadores estadounidenses. Por su parte, Kush Desai, portavoz de la Casa Blanca, afirmó que esta estrategia es parte de un plan ágil y multifacético para traer de regreso actividades clave de fabricación al país.
Aunque la tasa arancelaria nominal disminuiría del 50% al 25%, el impacto económico podría elevarse para ciertos productos importados debido a que el impuesto se aplicará al valor total del artículo. Este ajuste también responde a la necesidad de compensar la reducción en ingresos producto de fallos adversos del Tribunal Supremo respecto a gravámenes previos. Los aranceles originales fueron implementados en 2018 con tarifas del 25% al acero y 10% al aluminio, aumentando hasta un 50% en algunos casos para 2025.



































































































