
Brett Adcock convirtió visiones futuristas en capital: primero con Vettery y Archer, y ahora con Figure, la compañía de robots humanoides que escaló su valoración hasta miles de millones antes de demostrar una operación comercial amplia. Adcock lidera además Hark, un proyecto de asistentes de IA, y mantiene relaciones con inversores como Nvidia y Salesforce.
Figure ha mostrado avances reales: humanoides que participaron en proyectos piloto con BMW y en demostraciones industriales, y una aproximación técnica que incluye manos con agarre avanzado. Sin embargo, la amplitud de esos despliegues y la magnitud de los contratos públicos contrastan con versiones más conservadoras de los socios industriales. BMW confirma pruebas limitadas con uno o pocos robots, y la relación con OpenAI terminó por discrepancias sobre entregables y soporte técnico. Adcock defiende sus cifras y su capacidad para construir a gran escala.
La empresa recaudó fondos significativos mediante SPV y rondas privadas que elevaron su valoración de 2,600 a 39,000 millones de dólares en 19 meses, mientras que otras entidades financieras y analistas ofrecen estimaciones muy dispares sobre el tamaño futuro del mercado de humanoides. Figure fabrica aproximadamente 1,000 unidades, aunque no está claro cuántas están operando ni quiénes pagan por ellas. Además, existen disputas internas y demandas laborales que plantean interrogantes sobre seguridad y procesos de certificación.
El desafío para Adcock y Figure es pasar de razón financiera y prototipos a un negocio escalable y seguro: demostrar ingresos recurrentes, certificaciones de seguridad y acuerdos operativos claros con grandes clientes logísticos y minoristas. Hasta entonces, la compañía seguirá atrayendo capital y expectativas, pero deberá afrontar pruebas técnicas, legales y comerciales para justificar la ambiciosa promesa de un humanoide por hogar.



































































































