
El cruce de la frontera para mujeres mexicanas que buscan dar a luz en Estados Unidos, conocido como “turismo de parto”, enfrenta un mayor escrutinio migratorio en ciudades del norte de México. La práctica, que en algunos lugares era relativamente común, ahora se encuentra limitada por controles más estrictos sobre las razones de viaje.
Las autoridades de inmigración comenzaron a aplicar restricciones a las visas de visitante cuando consideran que el propósito del viaje es dar a luz en territorio estadounidense para que el bebé obtenga la ciudadanía. Estas medidas se implementaron desde el primer gobierno de Donald Trump y han continuado afectando a mujeres de la frontera que planean acceder a atención médica en Estados Unidos.
En reportes sobre el fenómeno se menciona el caso de una madre mexicana que teme que las nuevas medidas pongan en riesgo la continuidad de la atención médica de su bebé en Estados Unidos. El aumento en la vigilancia migratoria complica la entrada por vías regulares y agrega incertidumbre para quienes buscan servicios hospitalarios o de seguimiento posnatal al otro lado de la frontera.
El endurecimiento del control sobre motivos de viaje para visitantes plantea interrogantes sobre el acceso a la salud transfronterizo y las redes de atención en comunidades fronterizas. Para las mujeres afectadas, las restricciones implican replantear rutas de atención prenatal y posnatal, así como enfrentar trámites y posible denegación de visas cuando las autoridades sospechan que el objetivo del viaje es el nacimiento del menor.



































































































