
Flávio Bolsonaro aseguró que, de llegar a la presidencia de Brasil, su gobierno mantendrá cooperación con Estados Unidos y China. El candidato realizó la declaración en un acto en Brasilia y afirmó: “No voy a tomar partido. Mi bando será el pueblo brasileño, ya sea que tratemos con China, Israel, Medio Oriente, Argentina o la India”.
La afirmación se produce en medio de un escenario electoral ajustado: Bolsonaro superó a Luiz Inácio Lula da Silva por alrededor de dos puntos en la primera vuelta y, según una encuesta de Datafolha, obtendría 52% de los votos válidos frente al 48% de Lula en la segunda vuelta del 25 de octubre. La encuesta tiene un margen de error de ±2 puntos porcentuales. El resultado de la primera vuelta y las proyecciones para la segunda han generado reacciones en los mercados, ante la expectativa de políticas económicas más favorables al mercado.
Bolsonaro ha tendido puentes con la administración de Estados Unidos en temas de comercio y seguridad; en mayo visitó a Donald Trump en la Casa Blanca y ha dicho que reforzaría la cooperación en materia de delincuencia y en iniciativas de seguridad regional. Al mismo tiempo, Brasil mantiene una relación económica estrecha con China: Pekín es el principal comprador de exportaciones agrícolas brasileñas y grandes inversiones chinas están presentes en sectores como energía y manufactura.
El candidato enfrenta el reto de conciliar una política exterior que, según sus declaraciones, será pragmática y orientada al interés nacional, con la realidad de una economía dependiente del comercio y la inversión china. La segunda vuelta del 25 de octubre definirá si su proyecto político y económico llega a la Presidencia.



































































































