
Una mujer que fue deportada de Estados Unidos a México en 2010 dedica su tiempo a asistir a migrantes en la frontera. Desde su regreso al país, ofrece comida, transporte y acompañamiento a quienes buscan cruzar o transitar por la región fronteriza, y mantiene la decisión de continuar con esa labor mientras pueda.
La protagonista, deportada en 2010, ha convertido la ayuda humanitaria en su principal actividad: prepara alimentos, organiza traslados y acompaña a personas en movimiento. Su testimonio resume su compromiso: “Voy a seguir hasta que ya no pueda”, frase que refleja la persistencia con la que realiza estas tareas en un contexto en el que muchas personas requieren apoyo básico durante sus desplazamientos.
Su trabajo pone el foco en las redes de ayuda que se forman en la frontera y en la capacidad de personas afectadas por procesos migratorios para ofrecer asistencia a otros en situaciones similares. La actividad abarca desde acciones inmediatas —como ofrecer comida y transporte— hasta el acompañamiento en rutas y esperas, labores que la mujer realiza de manera continua desde su deportación.
La historia subraya la dimensión humana de la migración: además de las políticas y los flujos, existen personas que, por experiencia propia, se involucran en brindar apoyo directo a quienes lo necesitan en la frontera. La declaración de la mujer resume su propósito y la persistencia de su labor: seguirá ayudando hasta que ya no pueda.



































































































