
La participación de las mujeres en el mercado laboral mexicano ha registrado un avance significativo: pasó de 6% en 1990 a 45.7% al inicio de 2026. El crecimiento refleja una mayor integración femenina en actividades económicas formales e informales, aunque persisten limitaciones que afectan su desarrollo profesional y autonomía.
De las 24.3 millones de mujeres económicamente activas, 55.9% trabaja en la informalidad, lo que implica menor acceso a prestaciones y protección social. Además, las mujeres realizan 73% del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, una carga que incide en su disponibilidad para empleo de tiempo completo y en oportunidades de ascenso.
El contraste entre la mayor participación y las barreras estructurales marca un desafío para políticas públicas y para el sector privado: reducir la informalidad femenina, ampliar esquemas de cuidado y promover condiciones laborales que permitan conciliar responsabilidades familiares con carreras profesionales. Mejorar el acceso a servicios de cuidado y fortalecer la formalización podrían incrementar la calidad del empleo para millones de mujeres.
Los datos muestran que la presencia femenina en el mercado laboral creció de manera sostenida, pero la transformación hacia empleos con seguridad social, salarios dignos y reparto equitativo del trabajo doméstico todavía requiere acciones coordinadas entre gobierno, empresas y sociedad.



































































































