
En México, la presión económica que se intensifica durante los primeros meses del año impacta de forma desproporcionada a las mujeres, evidenciando una desigualdad que trasciende las cifras oficiales. La recomendación común de “trabajar más” para superar la llamada “cuesta de enero” se torna un problema para muchas mujeres, pues significa extender una jornada laboral que ya es doble, incluyendo un trabajo no remunerado de cuidados que exige tiempo y energía adicionales.
Datos recientes revelan que, en el tercer trimestre de 2025, 13.6 millones de mujeres se encontraban en empleo informal, alza que representa una vulnerabilidad en términos de ingresos irregulares, falta de prestaciones y ausencia de seguridad social. Esto resulta especialmente delicado en temporada invernal, cuando los gastos médicos aumentan y la protección económica es crucial.
Además, las mujeres dedican en promedio tres veces más horas que los hombres a labores domésticas y de cuidado no remuneradas, multiplicando la carga total de trabajo. La falta de opciones laborales adecuadas limita su acceso a empleos con mejores condiciones y salarios, perpetuando la brecha económica. Alrededor del 47.1% de las mujeres ganan hasta un salario mínimo, frente a un 34.3% de hombres, según informes.
Esta disparidad salarial se traduce en menor capacidad de ahorro, acceso a crédito restringido y mayor fragilidad económica ante imprevistos. Así, la exhortación a incrementar las horas laborales sin una mejora sustancial en ingresos o condiciones termina ensanchando la brecha de desigualdad. Reconocer esta realidad es el primer paso para diseñar políticas que protejan y empoderen a las mujeres en el ámbito laboral y social.




































































































