
En México, establecimientos como restaurantes, bares, gimnasios y cafeterías deben contar con una licencia para reproducir música y pagar las regalías correspondientes a los autores y compositores. Este requisito legal aplica sin importar el tipo de negocio o su ubicación, y su incumplimiento puede acarrear multas que van desde 1.3 hasta 11 millones de pesos, decomiso de equipos e incluso cierres temporales.
La Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), la principal entidad encargada de la gestión de estos derechos, explica que cualquier actividad comercial que utilice música con fines de lucro está obligada a pagar por su uso, conforme al artículo 26 Bis de la Ley Federal del Derecho de Autor. El director de Licencias y Recaudación de la SACM, Omar Lugo Andere, señala que “toda persona que haga uso de música con fines de lucro, está obligada a pagar una regalía”. Además, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) puede imponer sanciones económicas significativas en caso de violaciones.
Las tarifas dependen del giro del negocio, su ubicación y tamaño, y se calculan con base en la Unidad de Derecho de Autor (UDA). Por ejemplo, un restaurante pequeño puede pagar alrededor de 1,200 pesos mensuales por música grabada, mientras que un centro nocturno en zona céntrica podría desembolsar más de 7,000 pesos al mes.
Sin embargo, existe resistencia tanto en negocios formales como informales, muchos de los cuales no están registrados o desconocen esta obligación. La SACM realiza visitas frecuentes para informar y buscar la regularización voluntaria antes de iniciar procedimientos legales. En el caso de incumplimiento, las multas aplican independientemente de la formalidad del negocio.
Aunque algunos empresarios han denunciado cobros abusivos, el IMPI y la SACM han reafirmado que los pagos están plenamente respaldados por la legislación vigente y que no se llevan a cabo operativos arbitrarios. “Si incurres en una violación y entras en un procedimiento ante el IMPI, te puede salir más caro el caldo que las albóndigas”, advierte Lugo Andere, refiriéndose a que las sanciones económicas suelen superar el costo de las licencias.
Con la reproducción legal de música, los artistas reciben remuneración por su trabajo y los negocios evitan riesgos legales, estableciendo un equilibrio necesario entre derechos de autor y actividades comerciales en el país.




































































































