
La guerra que se desarrolla en Irán ha comenzado a reflejar impactos significativos en la economía mundial, según revelan recientes encuestas empresariales. Estas mediciones, basadas en respuestas de directores de compras en EE.UU., Europa y Japón, ofrecen la panorámica más detallada hasta la fecha sobre los efectos económicos de un conflicto que ya cumple casi un mes, alterando de manera prolongada el suministro energético global.
El conflicto ha provocado incrementos abruptos en los precios del petróleo, gas y otros recursos asociados, lo que representa un doble desafío para las economías: impulsa la inflación y desacelera el crecimiento económico. Este escenario ha llevado a bancos centrales de diversas regiones a considerar políticas monetarias más restrictivas para controlar la presión inflacionaria.
En la zona euro, el crecimiento del sector privado se ha frenado considerablemente en marzo, evidenciado por una caída del Índice de Gerentes de Compras (PMI) compuesto a su punto más bajo en 10 meses, al ubicarse en 50.5 desde 51.9 el mes anterior. Esta cifra, apenas por encima del umbral que separa la contracción de la expansión, refleja retrasos en las cadenas de suministro y expectativas de mayores costos, que se traducirán en un alza de precios para los consumidores. En este sentido, el economista jefe de S&P Global Market Intelligence, Chris Williamson, advirtió que estas cifras “hacen sonar las alarmas de estanflación”, aludiendo al riesgo combinado de estancamiento económico con aumento en la inflación.
En Estados Unidos, el PMI compuesto preliminar descendió a 51.4 en marzo, la lectura más baja desde abril del año pasado, marcando una disminución en el sector servicios que anticipa menor confianza empresarial y perspectivas débiles de empleo. Otras economías del Grupo de los Siete, como Reino Unido y Japón, también reportan desaceleración en la actividad privada y aceleración en los costos de producción.
Fuera del G7, India experimentó un crecimiento mínimo en su sector privado, con los costos de producción aumentando al ritmo más alto en casi un año, afectando los márgenes de ganancia. Pese a estas circunstancias, la mayoría de economistas descartan, hasta el momento, que la guerra en Irán desencadene una recesión global profunda, aunque reconocen que la duración del conflicto y sus efectos en los precios energéticos serán determinantes clave.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha señalado la existencia de “riesgos a la baja significativos” para la economía mundial asociados a esta crisis, mientras el daño a la infraestructura energética y el bloqueo del estrecho de Ormuz mantienen preocupaciones sobre la estabilidad del suministro energético internacional.



































































































