
El reciente incremento de aranceles aprobado por México sobre productos importados de China y otras naciones asiáticas ha generado inquietud en Brasil, dado el impacto potencial que esta medida podría tener en la relación comercial bilateral. Aunque la reforma arancelaria no se dirige directamente a Brasil, el gobierno brasileño advierte que podría haber efectos colaterales que afecten los flujos de comercio e inversión entre ambos países.
El Congreso mexicano autorizó una ley que establece gravámenes de entre 5 y 50 por ciento a aproximadamente 1,463 productos provenientes de países sin acuerdos de libre comercio con México, incluyendo sectores clave como textil, aluminio y plásticos. La norma, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, entrará en vigor el 1 de enero de 2026 con el fin de equilibrar la competencia en el mercado interno y promover la relocalización industrial en áreas estratégicas.
Brasil ha señalado que el sector automotriz, regulado a través del Acordo de Complementação Econômica nº 55, debería quedar al margen de estos cambios. Sin embargo, existe preocupación por la posible erosión de preferencias comerciales en otros sectores, lo que podría entorpecer la integración productiva y la cooperación económica entre ambos países. En este contexto, las autoridades brasileñas han mantenido un diálogo directo con México para solicitar claridad y garantizar un entorno de negocios previsible y estable.
El gobierno de Brasil reiteró su intención de continuar con un diálogo constructivo con México y de evaluar detenidamente el texto final de la ley y las listas definitivas de productos afectados para determinar los efectos reales en sus relaciones comerciales. Esta posición refleja la importancia de los vínculos económicos crecientes entre las dos naciones, que buscan preservar una relación mutuamente beneficiosa en América Latina.




































































































