
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha reafirmado que los agentes extranjeros, incluyendo los de la Administración de Control de Drogas (DEA), no pueden operar dentro del territorio nacional, sino únicamente intercambiar información con autoridades mexicanas, en cumplimiento con la Ley de Seguridad Nacional. Este posicionamiento se mantiene firme desde el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador y fue reiterado en respuesta a un comunicado reciente de la DEA sobre una supuesta colaboración que su administración negó.
Sheinbaum enfatizó que no existe ningún acuerdo con la DEA respecto al denominado “Proyecto Portero”, diseñado para desmantelar a los principales operadores de los cárteles. La mandataria también cuestionó la estrategia estadounidense de negociar con presuntos líderes del narcotráfico, citando el caso de Ismael “el Mayo” Zambada, y señaló la contradicción entre denominar terroristas a estas organizaciones y establecer negociaciones con ellas.
Expertos en relaciones internacionales consideran que el discurso de Sheinbaum refleja los retos y tensiones permanentes en la relación bilateral México-Estados Unidos, marcada por la desigualdad política y económica. Algunos analistas interpretan sus declaraciones como dirigidas principalmente al público mexicano, mientras que otros observan una fluctuación en el tono de sus críticas, que reflejan un balance entre mantener la soberanía y buscar acuerdos puntuales.
Con el próximo aniversario de su gestión y la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en el horizonte, la presidenta enfrenta el desafío de manejar la compleja relación con el gobierno de Donald Trump, en la que deberá decidir entre confrontar abiertamente o encontrar vías de cooperación bajo condiciones estrictas para la operación de agencias estadounidenses en México.




































































































