
En febrero se cumplirán tres años desde que el presidente Andrés Manuel López Obrador firmó el decreto para la nacionalización del litio en México, una medida presentada como el primer paso para desarrollar una industria nacional de baterías para vehículos eléctricos. Sin embargo, hasta la fecha, ninguna producción significativa se ha concretado, y el país continúa ausente en la cadena global de proveeduría de baterías automotrices.
Expertos señalan que, pese a la existencia de importantes yacimientos de litio en México, especialmente en Sonora, la complejidad técnica de extraer litio de arcillas –contrario a la extracción en salares, más común a nivel mundial– representa un obstáculo significativo. Mientras tanto, naciones como China han avanzado durante décadas en su industria, apoyados en una estrecha colaboración entre sector público y privado. Hoy en día, China produce más del 60% de las baterías globales, consolidando su dominio y dificultando que otros países ingresen al mercado.
Los proyectos ambiciosos, como la construcción prevista de una Gigafactory de Tesla en Nuevo León, están detenidos y su futuro es incierto, lo que refleja la desaceleración a nivel mundial en el impulso por electrificar el parque vehicular. Recientemente, la Comisión Europea consideró flexibilizar su prohibición total a vehículos con motor de combustión interna para 2035, lo que evidencia los retos que enfrenta la transición energética global.
En este contexto, la posibilidad de que México se convierta en un actor relevante en la cadena de producción de baterías para autos eléctricos se ve cada vez más lejana, a menos que haya un cambio de políticas públicas y una inversión considerable en desarrollo tecnológico y extracción. Por ahora, el país sigue sin aprovechar sus recursos y el sector automotor continúa enfocado en vehículos tradicionales a gasolina.




































































































