
En la última década, México ha visto duplicarse su déficit comercial con China, alcanzando niveles que presionan tanto la economía como el empleo nacional. Esta dependencia creciente ha llevado al gobierno mexicano a aplicar aranceles que oscilan entre el 5% y el 50% a productos provenientes de países sin tratado comercial, con la intención de salvaguardar la industria local contra prácticas comerciales consideradas desleales.
Datos del Banco de México revelan que el déficit acumulado con Asia supera los 223,000 millones de dólares, de los cuales más de la mitad corresponde a China. Este desequilibrio se ha traducido en una competencia difícil para sectores como el textil, calzado y acero, que en conjunto han reportado pérdidas importantes de empleos y han registrado un aumento considerable en las importaciones chinas entre 2021 y 2024.
El sector automotriz también muestra vulnerabilidad debido al incremento significativo de vehículos ligeros importados desde países asiáticos sin acuerdos comerciales vigentes, especialmente China. Estos vehículos no favorecen la producción ni el empleo en México, lo que llevó a la Secretaría de Economía a enfatizar la necesidad de fortalecer la manufactura nacional para mantener la posición del país como uno de los principales productores mundiales.
De acuerdo con Gilberto Gil, socio director de Roland Berger México, «los nuevos aranceles anticipan un cierre de filas con Norteamérica y una reconfiguración parcial de las cadenas de suministro», señalando que esta estrategia podría dar nuevas oportunidades a industrias afectadas mientras se mantiene dependencia externa en ciertos sectores a corto plazo.




































































































