
La industria mexicana de vehículos pesados atraviesa una situación crítica tras registrar en enero un mínimo histórico en la producción con apenas 6,653 unidades ensambladas, cifra que representa una caída del 51.9% respecto al mismo mes del año previo. Este desplome también ha impactado gravemente el empleo, con la pérdida de aproximadamente 6,000 puestos de trabajo, equivalentes al 20% de la plantilla en el sector.
La reducción en la fabricación de camiones y autobuses es la más baja registrada desde que el Inegi empezó a llevar el control, situación que ha llevado a la industria a demandar una intervención del gobierno federal para implementar medidas que reactiven el mercado nacional e impulsen la producción.
Este declive productivo tiene diversos factores. Por un lado, las políticas proteccionistas en Estados Unidos han generado incertidumbre, afectando especialmente las exportaciones, que en enero cayeron 53.7%, siendo el principal mercado para estas unidades. Por otro lado, el mercado interno también presenta un desánimo considerable; las ventas minoristas de vehículos pesados se desplomaron 46.3%, reflejo de la debilidad económica general.
Además, la competencia proveniente de la importación de unidades usadas provenientes de Estados Unidos, que alcanzaron casi 40,000 unidades en 2025, ha afectado la demanda de vehículos nuevos. La industria ha solicitado a las autoridades elevar el arancel para estos vehículos usados del actual 10% a 50% para equilibrar el mercado. También se han planteado programas de renovación vehicular que todavía enfrentan obstáculos debido a la limitada disponibilidad de recursos públicos. Alejandro Osorio, director de asuntos públicos de Anpact, enfatiza la necesidad urgente de apoyar a este sector que representa el 1.3% del Producto Interno Bruto manufacturero y es clave para la economía nacional en términos de empleo, innovación y exportación.



































































































