
La producción petrolera de Pemex continúa su caída, a pesar del aumento en los recursos destinados a la empresa. Especialistas en análisis económico advierten que, sin la incorporación de capital privado y la implementación de nuevos incentivos, las mejoras operativas existentes serán insuficientes para detener el deterioro estructural que afecta a la compañía estatal.
Félix Boni, director de Análisis Económico de HR Ratings, subraya que aunque se detectan avances puntuales, principalmente en refinación, estas mejoras no compensan la preocupante disminución en la extracción de crudo. En sus palabras, “sin una mayor inversión, el problema persistirá y la producción seguirá disminuyendo hasta que se involucre el sector privado”.
El debate, enfatiza el experto, va más allá de la mera apertura al capital privado; es necesario definir con claridad las condiciones económicas que permitan que esta participación sea rentable y atractiva. Desde 2018, el gobierno ha sostenido que rescatar Pemex es clave para lograr la soberanía energética, sin embargo, los datos operativos y productivos no reflejan esta estabilidad.
Las estadísticas más recientes indican que en octubre la producción de hidrocarburos líquidos se ubicó en 1.64 millones de barriles diarios, con una caída del 4.4 % respecto al mismo mes del año anterior. Esta tendencia decreciente se atribuye, según los analistas, a la explotación en campos maduros y la falta de desarrollo en nuevas áreas. En términos financieros, aunque Pemex ha logrado reducir su deuda, los recursos disponibles no son suficientes para invertir en las mejoras necesarias sin apoyo externo. En conclusión, sin inversión privada adicional y un esquema claro para su participación, la producción continuará en descenso, poniendo en riesgo la viabilidad operativa y financiera de la empresa.




































































































