
En un entorno empresarial cada vez más dinámico y volátil, la gestión del riesgo está experimentando una transformación fundamental. Tradicionalmente enfocada en evitar lo que podría salir mal, ahora los líderes de las organizaciones están cambiando su perspectiva hacia la pregunta: ¿qué puede salir bien? Este nuevo enfoque busca aprovechar el riesgo como una oportunidad para optimizar ingresos, mejorar la rentabilidad, elevar la calidad de productos y servicios, y aumentar la satisfacción de los clientes.
Pese a este cambio de paradigma, seis de cada diez compañías reconocen la necesidad de renovar sus métodos de gestión de riesgo, aunque solo un 14% ha adoptado una estrategia integral y proactiva. Entre los desafíos más significativos que enfrentan todas las empresas, sin importar su tamaño o sector, destacan la ciberseguridad y los fenómenos geopolíticos, como la inestabilidad comercial o los conflictos internacionales. La expansión de la Inteligencia Artificial ha intensificado la amenaza en ciberseguridad al acelerar la filtración de datos, mientras que las tensiones globales afectan la rentabilidad y las cadenas de suministro a nivel mundial.
Para enfrentar estos retos, se perfila un rol estratégico dentro de las organizaciones: el Director de Riesgo o Chief Risk Officer (CRO). Este liderazgo debe contar con conocimientos tanto tecnológicos como financieros, además de un entendimiento profundo del sector en que opera la empresa. Su función principal es integrar la gestión de riesgos en todos los niveles operativos y reportar directamente al CEO, garantizando una visión coordinada y ágil ante posibles crisis.
Como ejemplo práctico de esta gestión estratégica, frente a la disrupción de la cadena de suministro y los aumentos arancelarios, algunas empresas optan por invertir en fortalecer sus operaciones globales, mientras que otras eligen aceptar y mitigar riesgos específicos en ciertos mercados. El riesgo empresarial, por tanto, ya no se concibe de forma lineal, sino como un fenómeno acelerado y conectado, que requiere de una gestión integral y anticipada para convertir las incertidumbres en oportunidades de crecimiento.




































































































