
La dolarización, ya sea oficial o de facto, vuelve a ser un tema central en América Latina debido a un contexto global marcado por la fragmentación geopolítica, el aumento de sanciones financieras y tensiones comerciales. Durante 2025, el dólar se debilitó frente a otras monedas, lo que revela vulnerabilidades en los países que han renunciado parcial o totalmente a sus monedas nacionales. Estos naciones enfrentan problemas como inflación importada, reducción en la capacidad de absorber choques externos y una fuerte dependencia de las decisiones económicas y políticas de Estados Unidos.
En Ecuador, que adoptó el dólar estadounidense como moneda oficial en el año 2000, la estabilidad macroeconómica actual depende más de la disciplina fiscal, reservas líquidas y regulación financiera que de la moneda en sí misma. Sin embargo, al no contar con un banco central que funcione como prestamista de última instancia, este país es más vulnerable a crisis financieras o salidas rápidas de capital.
En El Salvador, la dolarización comenzó en 2001 con el objetivo de facilitar la integración económica internacional, pero el Fondo Monetario Internacional ha advertido que este modelo reduce la capacidad de respuesta ante crisis externas, haciendo necesario fortalecer la gestión financiera interna. Panamá, con una dolarización histórica debido a su papel como centro logístico y financiero, enfrenta ahora riesgos derivados de la volatilidad en el comercio global y movimientos inesperados de capital.
El caso más extremo es Venezuela, donde la dolarización de facto se aceleró en respuesta a una hiperinflación severa. A pesar del uso del dólar para transacciones cotidianas, el país enfrenta una inflación anual que podría superar el 600%, junto con una brecha significativa entre el tipo de cambio oficial y el mercado paralelo, agravada por las sanciones económicas y el control estadounidense sobre las exportaciones petroleras. Esto ha provocado que el dólar en Venezuela, lejos de actuar como refugio, amplifique la inflación y la desigualdad.
Argentina presenta una dolarización parcial problemática, donde aunque el peso sigue siendo la moneda oficial, el dólar actúa como reserva de valor y unidad de cuenta informal, lo que dificulta la efectividad de la política monetaria y genera alta inflación. Este fenómeno incrementa la presión cambiaria ante shocks externos.
Finalmente, expertos como Gabriela Siller destacan que la volatilidad actual del dólar, en un escenario global con tensiones políticas y sanciones financieras, implica un riesgo adicional para las economías latinoamericanas dolarizadas, cuya estabilidad depende de factores sobre los que no tienen control directo.




































































































