
En América Latina, las economías dolarizadas, ya sea de forma oficial o de facto, están expuestas a nuevos riesgos en 2026 debido a un escenario internacional cambiante. La combinación de un dólar más débil, sanciones financieras crecientes y tensiones comerciales ha revelado vulnerabilidades importantes en países que han renunciado a su moneda local como ancla económica.
Casos emblemáticos incluyen a Ecuador, que dolarizó oficialmente en 2000 para combatir una crisis económica, pero hoy depende más de la disciplina fiscal y reservas que del ancla monetaria. Sin acceso a un banco central para actuar como prestamista de última instancia, enfrenta impactos acelerados por shocks externos y la imposibilidad de crear dinero en emergencias.
En El Salvador, que adoptó el dólar en 2001, la dolarización también limita la respuesta a estrés externo, haciendo a la economía muy sensible a cambios en las condiciones financieras globales y fricciones comerciales agravadas por el contexto geopolítico.
Panamá, con una dolarización histórica vinculada a su papel logístico y financiero, destaca por su fortaleza financiera, pero no está exenta de riesgos asociados a la volatilidad del comercio mundial y posibles movimientos abruptos de capital.
Venezuela representa el caso más extremo. Su dolarización de facto, surgida para frenar una hiperinflación desbordada, enfrenta nuevos desafíos derivados de sanciones que restringen el flujo de dólares, desencadenando inflación en dólares, con estimaciones que sugieren niveles cercanos al 80% anual. La falta de política monetaria y la dependencia de decisiones internacionales han convertido el dólar en un factor que amplifica la inflación y la desigualdad.
Otros países como Cuba han ampliado la circulación del dólar para compensar la escasez de divisas, mientras que Argentina mantiene una dolarización parcial que complica el manejo de la política monetaria debido a la alta indexación y desconfianza en las autoridades.
La CEPAL advierte que la dolarización ya no es un escudo pleno ante un mundo fragmentado y volátil. Gabriela Siller, directora de análisis económico del Banco Base, señala que la actual volatilidad del dólar, influida por la política de la Reserva Federal y el entorno geopolítico, constituye un riesgo adicional que impacta negativamente en la estabilidad de las economías dolarizadas de la región.




































































































