
El índice mundial de incertidumbre registró un aumento significativo del 430% en el segundo trimestre de 2025 en comparación con el año anterior, reflejando un entorno empresarial cada vez más volátil y desafiante. Ante este panorama, los líderes corporativos están obligados a repensar sus estrategias con un enfoque innovador para prepararse para las múltiples posibilidades que podrían definir la economía global hacia 2030.
Expertos identifican cuatro escenarios principales que podrían configurarse en los próximos cinco años. El primero, conocido como neo-globalización, plantea un retorno parcial a mercados más abiertos, con baja tensión geopolítica y un impulso al comercio internacional, favoreciendo sectores como la banca y el capital privado. El segundo escenario es la regionalización, en donde las grandes potencias establecen esferas de influencia que limitan la operación internacional de las empresas.
El tercer escenario contempla una nueva Guerra Fría, con dos bloques económicos y una competencia marcada por la soberanía nacional. Finalmente, la autosuficiencia describe un mundo fragmentado con políticas proteccionistas que desafiarían especialmente a las empresas tecnológicas y de telecomunicaciones.
Lejos de ser excluyentes, estos escenarios podrían coexistir en distintos ámbitos de la economía global, por lo que las organizaciones deben adaptar sus modelos operativos, cadenas de suministro y análisis de riesgo. México y Latinoamérica, dada su capacidad de resiliencia y rápida adaptación, tienen una oportunidad relevante para destacar. En este contexto, la anticipación y flexibilidad no solo serán ventajas competitivas, sino también condiciones indispensables para asegurar la supervivencia y crecimiento empresarial.




































































































