
La reciente captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, y el anuncio de que Estados Unidos tomará control de la administración venezolana, incluyendo su sector petrolero, podría modificar significativamente el panorama energético en la región y afectar directamente a la industria petrolera mexicana, especialmente a Petróleos Mexicanos (Pemex).
El presidente estadounidense Donald Trump declaró que se permitirá la inversión masiva de compañías petroleras de su país para rehabilitar la infraestructura petrolera venezolana, gravemente deteriorada, y así comenzar a generar ganancias en ese sector. Además, pidió a la nueva líder venezolana, Delcy Rodríguez, el acceso total a los recursos naturales del país para facilitar la reconstrucción.
Especialistas como Ramsés Pech señalan que el resurgimiento de la producción petrolera de Venezuela, estimada en hasta 1.8 millones de barriles diarios y 5 millones de pies cúbicos diarios de gas, pondría a Pemex en una posición desfavorable, dado que México tendría que limitarse a un mercado interno principalmente, mientras que las exportaciones petroleras mexicanas podrían verse restringidas. Este cambio podría forzar a México a buscar mercados alternativos con mayores descuentos, ya que Estados Unidos podría reducir sus importaciones desde México al contar con más crudo venezolano disponible.
Este escenario también influirá en la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en 2026, dado que Canadá aplicó recientemente un arancel del 10% a las exportaciones de petróleo a Estados Unidos, y el factor petrolero será clave en las negociaciones. Con el control estadounidense sobre el petróleo venezolano, el país norteamericano podría ofrecer combustible a precios más competitivos dentro del mercado regional, aumentando la presión sobre Pemex.




































































































